Maniobra efusiva
- T V
- 10 jun 2020
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 23 jun 2020

El ser humano llegó a un punto de no poder controlar su tecnología. Las redes sociales y el Internet con su big data logran conocer nuestros gustos y personalidad mejor que nosotros mismos. El big data es una gigantesca masa de datos que son recogidos por los algoritmos que deducen las preferencias de cada individuo logrando predecir un comportamiento futuro. Tan eficaz es su uso que, por ejemplo, basta con describir nuestro perfil en las plataformas dedicadas a formar parejas y un algoritmo se encargará de seleccionar tu pareja. Además, con esta información se puede manipular fácilmente a la gente como ocurrió en el Brexit o en las elecciones presidenciales de Estados Unidos del 2016. Antes los burócratas usaban grupos de enfoque (focus group) para conocer cómo manipular a la gente en las votaciones, pero ahora la nueva práctica es el uso completo de la big data que utiliza la resonancia emocional para incluso atrapar a quienes antes no eran considerados votantes.
En las redes sociales se pueden evidenciar los pensamientos más oscuros y latentes que normalmente en la vida cotidiana no se ven tan claramente, mientras el algoritmo se encarga de crear un ambiente a través del filtro burbuja que fortalece la ideología de cada uno y oculta lo demás existente, limitando a los usuarios a su zona de confort. Esto está corriendo demasiado rápido al punto que internet nos ofrece a través del algoritmo lo que deseamos, sin embargo, no nos muestra lo que necesitamos ver. Eli Pariser, activista y experto en internet afirma que necesitamos que el algoritmo sea suficientemente transparente donde podamos ver las reglas para así retomar el control y decidir lo que pasa o no a nuestro alrededor, así tener presente nuevas ideas, nuevas personas y distintas perspectivas y no permitir aislarnos en una red unipersonal. Temo que el algoritmo sea un monstruo imposible de controlar.
Por doquier circulan publicaciones llamativas en la red con títulos en forma de pregunta que resultan impactantes, curiosos y engañosos. Estos son llamados clickbait (anzuelo de clics) que tienen un texto ambiguo o nulo que muy pocos se atreven a abrir, pues muchos prefieren dejarse guiar por el título y compartir. Es allí donde las mentiras o noticias falsas se aprovechan para coincidir con nuestra forma de pensar. Las fake news (noticias falsas) son informaciones diseñadas para hacerse pasar por noticias reales con el objetivo de difundir un engaño o una desinformación deliberada para obtener un fin político o financiero. Las fake news parecen imposibles de detener, pero posibles de detectar e identificar para cernir un poco su flujo rápido y desenfrenado que existe en internet. La consecuencia que tienen es altamente perjudicial para la sociedad porque son difíciles de eliminar a pesar de que hoy en día muchos investigadores se dedican a la verificación de hechos (fact-checking), mientras miles de personas ignora sus advertencias, continúan compartiendo y alimentando al bulo.
Pocas veces he caído en noticias falsas, ya que no confío en información que provenga de páginas webs no verificadas, mensajes de WhatsApp o sitios que tengan dudosa procedencia. Normalmente me aseguro de que la información que estoy leyendo sea actual y que exista en otros medios de comunicación. No obstante una vez me costó creer que una noticia sea cierta, ya que muchos comentarios en esa publicación le tildaban de mentirosa e irresponsable, pues la noticia se titulaba de la siguiente manera: “La Organización Mundial de la Salud revisó sus recomendaciones y afirmó que no es necesario que la gente sana utilice mascarillas frente al coronavirus". Esa noticia publicada a inicios de la pandemia en el mes de abril me desconcertó, pues posteriormente en el mes de junio volvió a salir otra noticia contradiciéndose: “La OMS volvió a cambiar el protocolo sobre el uso general de las mascarillas”. Es difícil creer cuando una organización mundial se contradice y uno se conforma con un titular. Pienso que la gente no está lista para tanta información a esta velocidad que opera internet. Es fundamental que la audiencia no se conforme solamente con un título y dos líneas; una nota informativa carente de contenido ¿Qué sentido tiene ser el primero en informar o compartir si ese hecho no fue chequeado ni investigado?
Las fake news fomentan intolerancia, crean polarización social y política. Por eso estamos tan enojados y precipitados a reaccionar en la red cuando surge algo que no nos agrada. Alessandro Baricco afirma que en tiempos veloces se ha moldeado la verdad modificando su diseño para convertirla en una verdad-rápida llena de inexactitudes con el apoyo de personas compartiendo bulos como una bola de nieve que adquiere sentido y realidad para la sociedad, es decir, en medio de tanta inundación de noticias falsas poca información potable existe que sea cierta.
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